El martes 22 de septiembre de 2026, el presidente de los Estados Unidos tomó la tribuna de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para lanzar una serie de acusaciones que volvieron a centrar la atención internacional en la relación entre América del Norte y el Caribe. Donald Trump sostuvo que México se había convertido en “el epicentro de la violencia de los cárteles” y que compartir una frontera de 2 mil millas con territorio controlado por narcotraficantes era “inaceptable” para su país.
Acusaciones contra México y la calificación de los cárteles como ISIS
Durante su alocución, Trump describió a los carteles de la droga como “el ISIS (Daesh) del hemisferio occidental” y los definió como “enemigos de la civilización” que emplean la extorsión y el asesinato como instrumentos de terror. Según el mandatario, estos grupos deben ser tratados como combatientes extranjeros y eliminados mediante la fuerza militar. Asimismo, reiteró que el gobierno mexicano había cedido control de partes de su territorio a los narcotraficantes y que la relación bilateral, aunque “muy buena”, debía fortalecerse para que México recobrara el dominio de su espacio nacional.
Venezuela, el acuerdo petrolero y la demostración de poder militar
El discurso también incluyó una referencia directa a la reciente captura del presidente venezolano Nicolás Maduro en enero, donde estuvo presente la mandataria interina Delcy Rodríguez. Trump afirmó que la operación había demostrado la determinación de EE.UU. de no tolerar amenazas en el hemisferio. En paralelo, anunció que el acuerdo firmado a finales de agosto con Caracas otorgaba a Washington el control mayoritario sobre 65 000 millones de barriles de reservas probadas, lo que, combinado con la producción estadounidense, representaría “más del 60 % del petróleo mundial”. El mandatario concluyó con la frase “el vencedor se lo lleva todo”, subrayando la intención de EE.UU. de consolidar su posición energética.
Otros focos de la intervención: Cuba, Irán, Rusia-Ucrania y la presencia en Groenlandia
Trump no dejó de criticar a Cuba describiendo al régimen como “un Estado fallido” y anunciando que el secretario de Estado, Marco Rubio, estaba gestionando un posible diálogo. Además, reiteró su postura sobre Irán, indicando que, si las negociaciones fallaban, el país sería llevado “al infierno”. En cuanto a la guerra en Europa, aseguró que Estados Unidos trabajaba estrechamente con los líderes de Rusia y Ucrania para lograr un acuerdo pronto. Finalmente, reveló un acuerdo con Groenlandia que permitiría establecer dos bases militares estadounidenses, con el objetivo de impedir que cualquier adversario construya una presencia militar en la isla. En el mismo tono, pidió a los miembros de la Corte Penal Internacional que abandonaran la institución, a la que calificó de “fuera de control”.
El presidente también abordó el tema de la inteligencia artificial señalando que el gobierno cambiaría el término a superinteligencia para reflejar una visión más precisa. En cuanto a la lucha contra las drogas, citó que los ataques navales habían reducido el tráfico en un 97 % aunque un informe de la DEA contradijo esa cifra, mostrando que el flujo de narcóticos a EE.UU. no había disminuido e incluso había bajado los precios de la cocaína en Florida un 50 % en los últimos cinco años.



