En los últimos tiempos, las visas estadounidenses han dejado de ser un simple documento migratorio para convertirse en un instrumento de presión política. Este cambio de paradigma ha generado tensiones internacionales y ha afectado a numerosas personas, desde políticos hasta ciudadanos comunes.

La presidenta Claudia sheinbaum Pardo ha señalado que estas decisiones están siendo utilizadas para golpear políticamente a ciertos sectores, sembrando sospechas e injerencismo. Un ejemplo reciente es la cancelación de la visa de Andrés Manuel López Beltrán, hijo del ex presidente Andrés Manuel López Obrador, quien aspira a una diputación por Morena.

Inconsistencias y favoritismos

La medida contra López Beltrán contrasta con otros casos, como el de Francisco García Cabeza de Vaca, prófugo de la justicia mexicana que goza de residencia permanente en Texas. Además, figuras como Alejandro Moreno Cárdenas, presidente del PRI, visitan libremente Estados Unidos para discutir asuntos electorales mexicanos.

Estas inconsistencias evidencian un empleo faccioso del estatus migratorio, favoreciendo a ciertos grupos y perjudicando a otros. Esta táctica no guarda relación con los criterios administrativos normales para conceder o denegar visas.

El impacto de la propaganda fóbica

La retórica antiinmigrante del trumpismo ha contribuido a estigmatizar a los migrantes, calificándolos genéricamente de delincuentes o narcotraficantes. Esta propaganda permite colocar una etiqueta denigratoria en cada denegación de visa, un mensaje que los sectores alineados con la Casa Blanca se encargan de difundir.

Este enfoque difamatorio afecta no solo a los políticos, sino también a empresarios, académicos, artistas y residentes fronterizos, para quienes el cruce a Estados Unidos es parte de su vida cotidiana. La imposibilidad de ingresar al país puede tener graves repercusiones profesionales, familiares y económicas.

Consecuencias para las relaciones bilaterales

En un contexto de creciente xenofobia y agresiones, el manejo de las visas como instrumento de intervención política está envenenando las relaciones bilaterales. La prosperidad y estabilidad de ambas naciones requieren de una buena relación, pero estas mezquindades están generando irritación y desconfianza.

Ante esta situación, muchos consideran recomendable abstenerse de solicitar visas estadounidenses, a menos que sea realmente indispensable. La esperanza es que, con el tiempo, lleguen gobiernos menos agresivos e inhumanos a la Casa Blanca.